lunes, 8 de abril de 2013

Packard

Me operaron, en Francia. Fue hace casi dos semanas.
Después de tomar absenta en Paris llegó al fin mi segunda convocatoria para el proceso de conversión en flaneur decimonónico, en la hoja del anestecista tenía recetada morfina "a demanda del paciente", ese fue uno de los pensamientos que me tuvo entretenido mientras la enfermera, francesa, que hablaba en francés, me depilaba el vientre, y pedía que más abajo, que me bajara más los boxer.
En esos momentos es bastante universal obrar como ella hizo, tratando de generar conversación para distraernos un poco y no caer demasiado en la situación de que yo era un tipo medio en bolas y ella me depilaba la pelvis. Y el problema era que no funcionaba, porque ella hablaba en francés, y yo, sedado por una pastilla del tamaño de una pulga y con el efecto de una patada de mil caballos rabiosos, pensaba en la morfina y en que todo se parecía a E.R pero con mas ruido a queso y a baguette las palabras.
Después me llevaron a la sala de preparación, y los oía a los médicos "sabés de donde viene él??? De Uruguay!!", ellos eran mas o menos cómo veterinarios rurales a los que de pronto se les encarga operar a una zebra.
Después eran los enfermeros los que discutían a unos metros y se preguntaban a ver quién hablaba español, y, entre risas, me mandaron a una enfermera que no lo hacía, pero que tenía padres españoles (?????????????).
Todo salió bien, en una semana vuelvo a no hacer deporte, pero a tener la posibilidad de hacerlo.
Y no me dieron morfina che! O ni me enteré. (Me dieron codeína que es un derivado).
A los tres días ya andaba caminando y me fui al campo con una profesora, que me quiso hacer probar Roquefort. Todavía me falta mucha Francia para llegar a eso.

Me contradigo, sí, me contradigo

Vino el novio de Sarah. El es alto, bueno y útil. Ella es linda. No hablaba francés. Tampoco hablaba inglés, sino inglés del norte. Si normalmente dice el pueblo que el inglés es hablar con una papa en la boca este tipo tenía 3 hectareas de papas y boñatos en cada paladar. Buen pibe, hablamos de futbol.

Ultimamente he considerado lo injusto que he sido con Saritah por tomarla cómo objeto antropologico, hoy, mientras pienso en lo educada que es para el órden público y el acacatamiento de disposiciones (Sarah nunca llega tarde, nunca deja de contestarle el mail a sus profesores, nunca cruza las vías del tren aunque no haya tren) y lo laxa que es en cuanto a aquello que no esta estipulado, pero que corresponde a la moral activa y no al dogma. Digamos, su costumbre de dejar todo sucio, de faltar a los eventos sociales individuales que no le interesan y sin ver, o a pesar de ver el rédito que ofrece en términos de posicionamiento (los franceses, y más que nada en estos pueblos son más "empátistas" que "negociativos"), su indiferencia (y miedo, mucho miedo) ante los indigentes o las personas que no tienen un vínculo formal o afectivamente directo.

Y capaz es por eso que no la dejaron cambiar las horas e irse antes de tiempo (en Abril el contrato estipula que vengamos dos días después de las vacaciones), cosa que normalmente aceptan para todos los asistentes. Igual en el liceo domina la otra dama de hierro, que desterró el alcohol de la sala de profesores, una costumbre francesa de las mas importables.


Ultimas noticias

El fin de semana estuve por Caen. Hice couchsurfing. Dormí en el cuarto de alguien, alguien francesa que tenía sobre una repisa el astillero de Onetti. Eso en sí es un anecdota.
En el Mt St Michel vi al Mt St Michel, y ahora es menos impresionante que antes.
Creo que leí en algún lado que si uno viaja infinitamente siempre va a llegar, al menos en este mundo elíptico, al mismo punto donde alguna vez estuvo parado. Una enfermedad que se podría llamar la inercia adquirida del viajero. Esta serie de relatos, que han comenzado desde el asombro, el contraste (que siempre es cómico) y un espíritu cuyos tentáculos parecían abstraer  el absurdo y la sátira de lo cotidiano, se terminó volviendo una jalea de quejas y repeticiones.
De todas maneras exitar la percepción con techos y abadías sigue siendo suficiente para no querer parar, hablé con una colega que me dio algunos consejos sobre Paris 8 y sobre el otro, sin número.
La suerte, esta echada, en algún lado, yo mientras preparo el dossier.


Salud







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