jueves, 19 de marzo de 2015

Mentir, mentir siempre

Bagatelas 

El médico que me atendió en Meudon vive en la esquina de Rabelais y República. Rabelais, también médico, era muy admirado por Céline por su lenguaje "grasoso" y "viril"; cómo diría una suerte de lingüista barrabrava o el mismo señor Destouches "una sintaxis con huevos".
A su vez, el señor (el médico), me dijo que está todo bien y que de dónde soy. Yo ya estaba pronto para darle las tres o cuatro referencias de Uruguay: que no hace tanto calor como plantean las cinco vocales, que no es Argentina y que Cavani. Pero resulta que el tipo es, o fue, poco importa, cuñado de un periodista uruguayo bastante conocido y quedó por esa.

He descubierto que hay un bus que me lleva directamente al trabajo, al de dar clases. Pasa por todo le sur de Paris y me deja en Arcueil-Cachan, en donde tomo el RER B. La banlieu, desde el esplendor de Meudon (ayer me enteré que vivo en el barrio de los obreros que construyeron la linea C, cuyas casas renovadas ahora son maison bourgeoises, término más neutro y sintagmático en francés); uno pasa por plazas comerciales horizontales hasta una suerte de 8 de octubre, con cantero derruido y polvo recién barrido, en donde venden motos por vidrieras con stiquers fluor pegados. La autopista es obsena y a pesar de, o mejor, muchas gracias a esa imágen seca, siento que Paris existe. El centro y después el resto, el parking, los baños, Saint-denis, etcétera.

El otro trabajo cada vez pesa más. En el recreo me entretengo mirando a Plácido, un negro enorme de 120 kilos, Ulis (Unités localisées d'inclusion), es decir que tiene algun trastorno de aprendizaje/ comportamiento/síndrome, etc. La característica de Placide es que no habla; él ríe, se agita, puede pasar horas mirando un charco, saluda a sus amigos con un choque de palmas y un choque de puños, como se acostumbra entre los colegiales, luego se hamaca con su propio peso y entra en un estado de éxtasis. El método de inclusión de los Ulis consiste en hacerlos imitar el comportamiento de los otros, no calificados como Ulis, entonces la guardia personal de cada Ulis los hace mostrarme el carnet cuando entran, decirme buen día (cosa que no hace el resto), asistir a las clases y, mediante traducción de su patrono, hacer los ejercicios que le correspondan.

Les copains d'abord

Alejandra me dice que Elodie es una yegua, Elodie me dice que Alexandre es un P.D (pederasta que también quiere decir homosexual, una vez asistí a una conversación en donde una señora normanda, cuyo esposo es un herrero, explicaba cómo los pederastas no son necesariamente homosexuales), Samiah dice que Elodie es una fascista y Gael apunta que Samiah es una inutil. La jefa, Mme Reynard me dijo que las relaciones humanas son muy complicadas y yo le dije que el infierno son los otros. Por eso me gusta Placide, con cierto fetichismo, porque descubrí hace unos días que hace crucigramas y porque cómo dijo Dolina que dijo Richelieu "cada amor que se apagara, por más pequeño que fuera, le causaba una interminable angustia".

Tengo de a rachas, entre somnolencias y correspondencias, una consciencia de cierto determinismo estético de todo esto, y no sé nunca si al final yo voy a decubrir que Elodie era una impetuosa lectora de Shopenhauer, y que Alexandre milita para el front national.

Meudon Forest

El bosque de Meudon, que así figura en Google maps, está repartido entre un bosque cuyos árboles marcados para el senderismo te avisa su europeidad, un lago en donde patos, cisnes y palomas se asesinan por migas, y una casucha de pescadores restaurant que está bien puntuada en trip advisor. Al lado queda el cementerio de Meudon, ¿Estará allí Céline? Leí hace poco, no sé donde, que fue rechazado y cagado a pedrazos por el alcalde y los habitantes de Meudon, quizás ese Meudon de obreros ferroviarios,  me dijo una amiga que su casa se quemó. Ninguna calle se llama Céline, y sin embargo no es dificil imaginarlo hoy, a él mismo, al escritor de "Bagatelas para una masacre", unciendo los cuerpos de los inmigrantes africanos que esperaron en mi misma sala, la de ese médico que conoce Uruguay y que cobra el precio justo de lo que la seguridad social cubre.
Por mi parte voy a hacer mi mnografía de Master sobre él mismo, sino porque tenga realmente tema por el placer de desperdiciarla, aunque inconluso esté dentro de un año y medio, en sus obras, Si al final a él le encantaban los desperdicios, y eso es lo que siempre estamos olvidando, ese Paris del Sur, los afiches de los baños de algunos bares.

Criar fantasmas

Una vez conté que esto de los Erasmus y sus versiones menos becadas tiene algo de criar fantasmas. La mundialización me interesa "hasta ahí", y ya dijeron, ya dijeron tanto, que hay lugares que son perpetuamente aeropuertos, cada vez más. Aeropuertos y muséos, aeropuertos-muséos, esa paradoja del movimiento que son los pases por 5 días, los bus turísticos. Recuerdo una noche yendo a Beeauvais, una madrugada en donde me levanté en Port de Vanves, y un señor llevaba un ramo de manzanas en el metro mientras miraba para abajo. Recuerdo la voz de unos australianos mientras se sucedían los carteles verdes (¿azules?) de la ruta, y yo me iba quizás a Budapest o a Dublin, y alimentaba tantos fantasmas que la vida parecía un cementerio sumergido, con ese brillo. ¿Qué ha cambiado desde entonces? A veces pienso en mis amigos añosos, que no contestan a ciertas preguntas, que sortean las cuestiones con miradas o comentarios sobre botánica. Y empiezo a entender el por qué de los jardines de los viejos, cómo ese personaje de Hugo que no tenía para comer y regaba sus flores todos los días, y conservaba celoso, con el mismo afán, sus tomos de literatura latina.

lunes, 16 de febrero de 2015

Nunca llegó la nieve

Topografía de los pizarrones

Will volvió.
En un apartamento, de pantuflas, me contaba que, allá por los 80s, tenía una banda estilo New Wave, que era fanático de The police y que luego de ser baterista se dio cuenta de que su "don" (gift) era "tener ideas".
Hizo tazas y tazas de café, esperábamos a Cesar entre persianas automáticas y un pizarrón que no era porque no lo hubieran dejado empotrarlo en un apartamento alquilado; así que Will puso unas láminas de cierto material cuyas irregularidades dejaban escribir, solo, obviando los pliegues de la placa mal puesta. Luego me indicaron "la marca" en donde tenía que pararme y así la primera clase: "Hello, my name is Martin! Today you are going to learn how to introduce yourself in Spanish".

Cesar filma, estudia con Luc Besson (cuya única película recordable es "El quinto elemento", si alguien recuerda alguna más, mi pésame por ese mal momento), cerca del video 5 Will se puso complicado; no entendía, me decía que los "ingleses no entienden tan fácil", que pronuncie más lento, Cesar hacía gestos de que él si capta, ambos sabíamos que Will era bastante dotado en ser un imbecil y también que nos pagaba la sesión. Will balbuceaba "too fast", "too fast" reclinado en una silla de playa, en el fondo de la habitación, mientras registra su Iphone. Cuando llegamos a la clase de los sonidos se desesperó: "eso de la jjjj y la ggggg, too fast, too fast". Con Cesar filmamos lo mismo 3 veces, entre cada toma fumábamos y hablabamos de precios de alquileres, del clima en Paris es difícil hablar porque es siempre el mismo, así que el tema universal es el mercado inmobiliario.

En el último video hicimos un diálogo; el español de Cesar era pésimo pero Will nunca se dio cuenta,
Seis horas estuve ahí, tuve que hacer un noséqué en donde me presentaba y decía que pagaran las 16 libras por mis videos, que era un tipo capaz y con experiencia: "See you soon!!". Will estaba contento, había aprendido a decir "diez" y lo repetía una y otra vez (its ten isn't it?).

Esa misma mañana, mientras esperaba el ómnibus, en Saint-Lazare no había nadie.
Paris, los domingos, es una ciudad: los comercios están cerrados y todo es triste como cualquier domingo: ya no es Paris sino domingo, en cualquier lado. A mi me tranquiliza eso, son cómo unas vacaciones de Paris que te da la ciudad misma una vez por semana.

En fin, yo esperaba para ir a ver a Will. Un veterano de barba que parece que siempre está ahí, dormía bajo el techo de la parada. Tenía los ojos tan caídos.
Otro llegó y amagó dejarle unas bolsas, a lo que una señora lo increpó:

este tipo está loco, lamentablemente en Francia cerraron los manicomios antes podríamos mandar a la gente y ahora ellos tienen que firmar la entrada y antes no había esto así que no le dejes nada que es peor porque antes los manicomios.....

El de las bolsas no sé si entendía francés,  la vieja no le iba a permitir salirse con la suya, agarró las cosas y se fue, la señora me tomó como relevo: lo mismo, que qué terrible, que qué mal está Paris con los locos. No llegué a decir nada, se subió al omnibus sin dejar de hablar, imagino, para comentarle al chofer.

Meudon, Meudon

Finalmente nos mudamos, conseguimos un apartamento, ahora en la zona 3, quizás en otro semestre lleguemos a estar en Paris, si la serie continúa. Otra vez es un sótano, todavía no alcanzamos a superarnos en la dimensión vertical, pero algo es algo. Otrora ahí vivía la au pair (niñera) que cuidaba a los nenes de la familia, ahora estudiantes en algún lugar de Francia; gracias al fantasma de los nenes que tuvieron lío para encontrar apartamento en su momento, los propietarios vieron en nosotros cierta simetría, y nos dejaron firmar contrato cuando no teníamos mucho que ofrecer. Es pequeño y oscuro pero más barato y a 10 minutos de Montparnasse.
Rodin tenía una casa en Meudon, es un Banlieu más cheto que Roissy, más aristocrático más bien, hay flores (Elisabeth también tiene flores, pero son todas de plástico, el otro día me explicó como, a la larga, son una buena inversión).
Los propietarios son una pareja de productora y director de series de televisión; copias de CSI, NCYS y todas las variantes del género, él toca blues y está medio pordido de hacer mierda, parece, ahora se quiere dedicar a dar clases. Ella hace los negocios.

En su casa tenían un ejemplar del Charlie Hebdo, yo, para confraternizar y que nos dieran el apartamento les idje que yo también lo habñia conseguido. Me contestaron que no les gustaba Charlie Hebdo pero que se suscribieron por una cuestión de apoyo. En fin, sigue la movida del republicanismo y todo eso y la revista y el je suis charlie, se confirma, no tiene nada que ver con la revista ni con lo que haya dicho.

Aparentemente la prefectura que administra la zona de Meudon tiene pica con los extranjeros y más que nada con los argelinos, así que cuando vaya a renovar el titre de sejour procuraré no estar muy bronzeado, nada de playa este verano.

En fin, está bien, el Sábado tenemos la partida de tetris que corresponde; 20 metros cuadrados y cada vez más valijas.

Clases

Tuve la suerte (mejor dicho, me ayudaron) de poder tomar unos cursos de BTS en Massy-Palaiseau, hasta Junio. El BTS es un terciario que viene después del liceo, yo doy clases en el curso de "assistant manager" que es un eufemismo para "secretario con un poco más de vuelo que puede tener ciert grado de iniciativa para presentarle informes a su jefe". Las cartas estan todas dirigidas al señor X y los temas tienen que girar alrededor del "mundo de la empresa". Los pibes son bien, son pibes y al menos mi función no es gritarles. Me di cuenta, de todas maneras, de que mi experiencia en el colegio me tiene alienado de tal manera que vivo apercibiendo a los alumnos, pidiéndoles que se callen, controlándolos. Paso algunos minutos pensando en esto y tratando de sacudirme ese molde, de hacer cierta higiene.

María, la profesora que remplazo, dejó algunas cosas preparadas. Me toca hablar de Zara y la industria de la moda en España, los alumnos (más bien alumnas) están muy colgados. Aprendí que Zara tiene un escuadrón de tipos que van por ahí mirando qué usa la gente para reproducirlo en sus tiendas.

Houellebecq

Terminé "Soumission" y "Las partículas elementales", ahora sólo me queda un librito de ensayos y crítica que se llama "El mundo como gran supermercado", cuyo primer artículo es "Jacques Prévert es un imbecil". Bastante bueno, se confirma que Prevert es el Benedetti francés
"Soumission" es una mala novela, es graciosa y tiene buenas tesis. No quiero adelantar nada. Leer a Houellebecq en Paris es más rico por la cercanía de los referentes, y más pobre por la misma razón. Lo que sí es que aca el patetismo es más violento, y la sensación de un grande y telescópico simulacro que podría ser Paris amplifica muchísimo.
"Las partñiculas elementales" es sin duda el mejor libro que escribió, luego son todo re-escrituras; él mismo Houellebecq lo dice en su librito de ensayos: "cada hombre es isomorfo a una novela". La intertextualidad con Céline es clarísima, otro hombre-novela. Céline es mejor, no solo por la calidad de su escritura, sino porque ese siglo que nos separa inunda la brecha de cierta distancia esperanzadora y cauta.

Amigos

Se va Nicolás y Agostina, las primeras personas que conocí en Paris VIII, hace tres años. En ese momento compartimos el metro de vuelta y ahora nos hacemos la posta. Mi cumpleaños fue bueno, tuve dos: en el primero Gisèle me regaló un individual en donde están estampados todos los metros parisinos: mi obsesión desde que llegué; en el segundo fuimos al mismo bar a done había ido cuando era asistente. Quizás el mejor momento de la semana fue encontrarme a un amigo cuando bajaba del tren, él subía y hablamos dos minutos mientras las puertas se cerraban.
El mismo día fuimos a un parque y me pidieron tabaco como 3 veces.
Fue el día más montevideano que tuve.
Después volver al Banlieu y a empezar de nuevo. Las ciudades así de grandes encierran necesariamente una existencia rutinaria, todos los lugares son lugares de pasaje, de partidas y llegadas, quizás por eso mi interés en el metro y en hacer de ese lugar un espacio más significante.


viernes, 16 de enero de 2015

Titulares

En la sala de lavar ropa, al lado del cuarto, hay una araña con el culo azulado. Pocos bichos sobreviven al invierno del paralelo 43: no hay mosquitos, no hay langostas como aquellas con las que con mi tío,que era pibe y yo apenas tengo memoria, jugabamos batallas en las tardes húmedas de la frontera.

Los trenes se suceden por la noche y chispotean hasta el cuarto, la red electrica pos-crisis del petroleo. Tienen los colores de la bandera francesa y hay uno, el que me tomo a las 7:06, que Je suis Charly, entre letras fosforecentes al estilo Hip-Hop. Combino con Paris Nord la línea E, he logrado encontrar las escaleras que dan justo a la linea H, he logrado ganarle a la aplicación transilien, agarro el tren antes de lo previsto y gano unos minutos de sueño.

 En Enghien me espera Gael, petiso, petiso,el pelo con gel, es un hombre hecho de 22 años que disfruta de gritarle a los alumnos con un tesón de pulmones grandes que sorprenden a su torso. Le gusta y grita y a Gael lo dibujaron, en una actividad que armó el propio Gael que pidió dibujar a los vigilantes, castigando a alguien.

Me espera Alexandre, que dice que es de Guadalupe pero nació en Francia, que dejó a su novia que tiene un hijo que no sabe si es de él pero lo reconoce para tener los subsidios de paternidad, y se ríe, y se levanta alumnas.

Alejandra me dice "hola", se vino con la crisis del 2001 y se queja de los árabes y dice: "¿Por qué ponen siempre platos sin cerdo en la cantina? Si yo voy a Marruecos no me pido una pizza con jamon".

En Enghien, una ciudad de judíos según la propia Alejandra, hago 18 horas entre Jueves y Viernes.

El camino al tren es de 8 minutos,  salgo de noche y gracias al equilibrio cicotímico de los equinocios y solsticios, ahora, no como antes, salgo, durante el día.

Me lleva una hora, como ir a cualquier lado, y he aprendido a dormirme y despertarme en los intervalos correctos; temo perder esta habilidad cuando ya no sea útil y nos mudemos.

Will volvió y me dijo que ahora hay guita, me dijo que "menos es más", que me esfuerce por enseñar menos en los videos, que es más (videos, más plata, videos pagos).

Cierto día fue el día de tirar cosas, y nos trajimos un antílope de lata que nos mira desde la puerta. Toda el pueblo estaba lleno de excedentes, todas las casas sobraban. Era como un carnaval sin gente.

Estoy pensando en una tesis sobre la universidad, ya tengo algo, mientras caminaba al colegio escuchando "Fight the power" El año que viene lloramos una beca y un alojamiento propio. En el colegio una vez sonaron la "alarma de incendios", cómo en las películas.

Para los caracoles los franceses inventaron un cubierto especial que sostiene el caparazón, una acción que puede ser perfectamente hecha, y debo decir, de manera más intuitiva, con las manos, pero quisieron darse el lujo de poner un cubierto más en la mesa.

Ahora todos somos Charly o no somos Charly, o nos burlamos de la gente que es Charly. Cortan trenes por valijas o mochilas abandonadas; la gente habla mal de los musulmanes, tengo alumnos que han dicho que "no hay que meterse con el profeta". Todo eso que se ha escuchado en todos lados.

La araña que vive en mi baño sigue. Nos regalaron dos biblias, una en francés, y después, una en español. La señora que vive al lado es de un culto protestante, y somos condecendientes.

Conseguí una alumna de español, es a una hora de viaje, tiene la voz temblorosa y se va a  República Dominicana, quiere aprender a hablar en un mes.

El primer semestre está saldado.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Roissy en Brie

Puesta a punto

Hace 3 meses que vivimos en Roissy en Brie.

Según internet el 50% de la "comuna" es un bosque; hemos visto que el otro 50% son casas idénticas entre sí que se diferencian por ornamentos: enrejados negros y dorados, esculturas rococó propias de chalets de Miami y, ahora, en Navidad, "papa noeles" y renos de todos colores. Es bastante desesperanzador: la estación del RER E, a 15 minutos de nuestra casa-habitación-sótano propone un desfile de niebla, autos caros y circunsvalaciones de asfalto.
La casa también da vueltas, aún no sabemos cuantas habitaciones tiene, vivimos, como ya dije, en una "cave", al lado de la bodega de vinos y de la ropa sucia. La superficie de nuestro cuarto-living es más grande que el apartamento parisino (y que muchos apartamentos parisinos) y hay un piano desafinado que aunque no suene ofrece compañia. Hay dos pianos, algunas tardes de frío intento sacar temas de los Beatles.

La casa es de Elisabeth. Ella trabajaba en una fábrica de cassetes, y, luego del devenir que ahora sabemos tuvo esta industria, ocupa su tiempo en vender títulos de casas de viejos con los que se especula van a morir. El negocio consiste en pagarle una pensión a un viejo, a razón de suponer que cuando muera la casa será nuestra. Elisabeth cuenta que no hay que conocer al viejo, sino puede dar pena jugarle a cuál será el día de su muerte.

Elisabeth tiene cuatro hijos.El más viejo, parecido a Ricardo Fort, está haciendo un curso de inmobiliaria para trabajar con la madre. Las dos chicas hacen dieta y coleccionan zapatos. Los amigos de las chicas vienen, se intercambian, se multiplican, y no es extraño encontrarse a un nuevo amigo en la heladera, en los pasillos o en el sillon durmiendo a medio-día: todos viven de trabajos itinerantes y fiestas idénticas cada noche, donde hay vodka y Rap. A mi no me gusta el vodka y eso es una cagada, con Gisele compramos las cajas-bolsa de vino y cocinamos y dormimos. Nuestra casa-sótano es donde pasamos la mayor parte del tiempo salvo por breves incursiones, bastante frustrantes. La cocina también es más grande que el apartamento en el que vivíamos antes. Hay todo y todo muchas veces: máquinas para pelar cosas, cafeteras con distintos mecanismos e insumos, varios modelos de sartenes de teflon. Emma, una de las chicas, come siempre pescado con espinaca: trabaja de "hotesse", recibe gente en hoteles y fiestas. Tiffani cuida a su primo. El último hermano, aquel del que no he hablado, es el único que estudia: hace comercio en la Sorbona, y nunca viene.
Todo en Roissy es así, entreverado e intercambiable.

El RER E tiene una frecuencia de uno cada media hora, queda a 30 minutos de Gare du Nord y a 40 de Saint-Lazare. Algunos días no hay trenes, los suprimen por "movimientos sociales" que nunca sabemos cuáles son, otros, ponen trenes cortos y vamos peor que en un 142 en hora pico. Lo peor y lo mejor del RER E es que es anguloso, todavía no le llegaron los colores vivos y las redondeces de los nuevos trenes: aunque rápido, el RER E es tiene el aire de un auto de los 70s.

Muy diferente es la linea H: un chorizo de leds y pantallas planas que me tomo en Gare du Nord para ir al trabajo. Sí, conseguí un trabajo: otro colegio (ahora sí me tomaron) en Enghien les Bains, una ciudad bastante "cheta" donde está el primer Casino de Europa, dicen los locales. Podría repetir todo lo que dije sobre el anterior y establecer la identidad confirmada por las diferencias aparentes: racismo, control, explotación, etc.
En Navidad la jefa me regaló un papa noel de chocolate y felizmente ya superé el período de prueba.

Will el inglés

Más interesante fue mi anterior no-trabajo. Will Hatfield comparte su nombre con un jugador de futbol inglés y envía todos sus mensajes por mail desde un Iphone. Encontré su anuncio en "craigslist", un sitio económico en su interfaz gráfica que ofrece, entre todas sus categorías, trabajo, amor y la mezcla de ambos. Will me citó en Starbucks y no me pagó el café: quería hacer videos de clases de español. Se vino a Francia porque hacer la cosa era más barato que Inglaterra. Ahí me di cuenta de que iba en serio, de que por chanta que sin querer decía que era chanta no lo era tanto. En un primer momento. También porque me habló de Suarez y se tocó la oreja, me habló de las selvas de Uruguay, pero eso ya es cosa habitual.
Intercambiamos muchos mails con Will, él me iba a pagar 20 euros por video y el 70 porciento del saldo de las descargas. Me dijo, también, que hiciera los cursos lo más pobres posibles: así la gente seguiría comprando videos.
Todo iba bien hasta que, unas semansas más tardes, Will se reveló más inteligente de lo que pude pensar y me dijo que los veinte euros por video no estaban, que sus "inversores" no estaban contentos con eso. Me dijo que era para los profesores que "can look at the bigger picture". Quién sabe, al final no salió.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El tipo del bigote de Dalí

En uno de los tantos grupos de Facebook en los que buscamos piques pedían "alguien que traduzca de Inglés a Español". Yo sigo sin laburo, ayer me llamaron para ser "anfitrión de caja", respondí  y lo que llegue a entender es que la persona que se había comunicado originalmente no estaba y que ... así que dije "d'accord", mañana veremos si me dijo que sí o que no o si me estaba invitando a un culto satanista,

En fin, el texto tenía que estar en 24 horas, alrededor de 2200 palabras. Y qué palabras.

Un proyecto de film: un empresario de agua mineral ecuatoriano, amante de las pesas y que,inflamado de heroicismo peleó por USA en la segunda guerra mundial, cuando vuelve a su país natal, dedica su vida a buscar el tesoro perdido de Atahualpa en los abismos de las montañas de los Llaganantes, y a multiplicar los dividendos. La empresa anduvo bien, su nieto, ahora, financia un documental en donde quiere relatar la historia de su abuelo, su padre y él mismo: "a través de una óptica ficcional quiere enseñarnos que la riqueza está en la búsqueda de lo desconocido". Parece que va a estar Vargas Llosa relatando en voice over y Santolalla desde Miami con la musicalización. Trabajan con uno de los tipos que hizo 99 Francs y un argentino "que ha vivido en mas de 10 ciudades del mundo".
Pagaban bien.
Deshonrando un poco esa ardua tarea que es la traducción, en unas horas, entre dos, estuvo pronto.
En la puerta del edificio, que da al Sena, pregunté qué apartamento era, pero no había apartamentos, todo era de ellos.
El nieto me recibió con su bigote Dalí que acariciaba cada tanto,
"¿De qué parte de Argentina eres?" Sacó un rollito de euros y lo puso en la mesa, me pidió que me quedara "para revisar algunas cosas".
"no,,,,,no..... no,,,,".
El nieto no estaba contento con la traducción, había vivido un tiempo en Usa (pagaba una traducción porque le aburría traducir) y parece que la terminología no se adaptaba a los usos cinematográficos de Hollywood.
"¿Entendés que este texto es para el director de Born's supremacy?"  Estaba bravo, yo agarré el rollito de billetes por las dudas y cuando me arrimaron un poco el cuerpo, di las gracias y me fui.

martes, 11 de noviembre de 2014

Vigilar y Castigar

Vigilar y Castigar

¿Es que usted se considera una persona autoritaria?

Esa fue la última pregunta de la entrevista. Hace un mes que estaba en Francia, no sabía bien qué contestar. Creo, en español, que el término “autoritario” tiene siempre una carga negativa, no habría dudado en contestar “no”, pero este es otro mundo y todavía no tengo tanta conciencia de la lengua (ahora, mirando el  Larousse veo que la palabra “autoritario” tiene tres entradas: “aquel que utiliza la autoridad sin reconocer límites, y que no soporta la contradicción”, “aquel que manifiesta la autoridad”, “dícese de todo régimen político investido de un poder absoluto, dictatorial”). Les dije que no, que claro que no, se miraron, me dieron las gracias y me fui, sin mucha idea de si me iban a llamar, por qué me habían hecho esa pregunta y qué era exactamente lo que estaban buscando.
Pasó una media hora, en el viaje de vuelta, entre un túnel y otro me pareció escuchar que sí, que empezaba al otro día.

El colegio Jean Vigo queda en Epinay sur Seine, en lo que acá le dicen “un quartier chaud” (un barrio complicado) y está considerado “Zona de educación prioritaria”, algo parecido a nuestro “contexto crítico”. A unas cuadras de la estación de tren aparece el edificio, una estructura de bloques encastrados entre guardas de azulejo en rojo, amarillo y azul. Al colegio lo rodea un enrejado con dos puertas controladas por un interruptor electrónico desde la recepción, las vías del tren y los monoblocs idénticos (pero sin decoración) de enfrente. Los salones se distribuyen en dos bloques: uno dedicado a las ciencias y otro a las lenguas (las salas de historia-geografía están junto a las de ciencias), en el centro hay un patio. Separado por un pasillo dentro del segundo edificio está la administración, y lindando el patio,  entre ventanales, la sala de los “asistentes de educación” y de las “CPE” (Conseiller Principal d’Education). Desde la sala de los “asistentes” se puede ver tanto el pasillo central como el patio, la administración está cercada excepto la sala de la secretaría, las oficinas de los directores no tienen ventanas más que al exterior.

Los asistentes de educación aparecieron en el 2003 en toda Francia a razón de “responder de manera satisfactoria a las necesidades de cada instituto educativo, en relación a sus particularidades y apoyando sus proyectos singulares”. Su función es “la vigilancia tradicional de los alumnos de colegio y liceo” tanto “dentro como fuera del tiempo escolar si fuera necesario”. Las actividades de “vigilancia tradicional” se componen de “ayuda en la salida escolar”, “apoyo en los estudios” y, el texto repite “la vigilancia de los alumnos durante todo el período escolar”.

Una de las “particularidades” de cada instituto de enseñanza en Francia es su financiación: cada colegio o liceo recibe una partida y él mismo se encarga de seleccionar a que destinarla: más “asistentes”, reformas edilicias, viajes escolares, etc. En consecuencia el puesto entra dentro de un régimen público-privado, contractual.

Este colegio, particularmente, contrató junto conmigo cerca de diez “asistentes de educación”, todos los días había un compañero nuevo (de hecho todos habíamos empezado hacía menos de dos meses). 

El primer día conocí a los más antiguos: Ram Dam estuvo en la guerra en Mali, y, según sus propias palabras “tiene licencia por dos años por sobrecarga psicológica, pero es normal”. Ram Dam  es una de las notaciones de lo que nosotros conocemos como el ramadán musulmán, y también, en el argot, según me dijeron, quiere decir “hacer barullo”.

Nawel era profesora de literatura pero desde que tuvo a su hija (nos mostró fotos de la nena con diferentes vestidos) se dedica a ser asistente: pagan parecido y es medio tiempo. El que más se me acerco fue Roberto: estudia filosofía en la Sorbona y conocía muchísimo sobre la historia del futbol uruguayo. Roberto investigaba “cómo los genes transmiten saberes”, “cómo nos condicionan”, y cómo tenemos que estar “en armonía con nuestros genes para estar en armonía con el mundo”. Fanático de Jodorowski me explicó una vez por qué Foucault no era filósofo y que el carnaval uruguayo viene de los celtas. 

Imitando a los que ya estaban, los que recién empezábamos tuvimos que aprender qué hacer. Recorrer el patio, hacer “la grille” (“la reja”, que es la puerta), castigar a los alumnos. Los alumnos tienen un “carnet” que necesitan para casi todo: para ir a comer, para entrar, para salir, para ir a clase, para pedir una pelota en los recreos. No tener el carnet representa ciertas horas de castigo, que se escriben en el mismo carnet y que tienen que cumplir en las horas puente o antes de irse. Como autoridad uno tiene derecho a pedir el “carnet” siempre, rehusar a dar el carnet representa un castigo duro que en el “argot escolar” se dice “coller” (como en “collage”, pegar).

Durante las horas de castigo hay varias opciones: algunos alumnos hacen planas de las leyes del instituto, que copian desde el carnet, otros tienen que estudiar o se le plantean ejercicios de apoyo escolar. Algunos colegas aprovechaban ese tiempo para charlar, me acuerdo de una de estas conferencias: “hay que hacer plata, sigan una facultad para hacer plata, tienen que salir de esto”.  

Cada uno tenía su estrategia, para encausar las energías otros colegas les mandaban hacer lagartijas (“pompes”), hacían concursos de pulseadas o castigaban “al primero que se moviera”.  Ellos también participaban del concurso, y se sabía cuáles eran los alumnos más fuertes. Según estuve hablando estas no son prácticas comunes en Francia, salvo, como me dijo el sub-director en la entrevista “en colegios donde no tienen la misma educación que nosotros”. Mis colegas más viejos también apuntaban para ese lado: “tenés que tratarlos como se tratan ellos”. Una vez les pregunté si se podía usar la violencia: “sí, es necesario, son sus códigos, lo que tenés que hacer es sonreír mientras los agarrás fuerte, así complementas la fuerza con un gesto simpático”. Cada tanto el director en el patio me decía “il faut le pousser, tu sais?” (Hay que empujarlos ¿sabés?).

No lo dije, el patio está estriado con diferentes líneas blancas, otrora estacionamientos creo, en donde previo a cada timbre tienen que formar, y si no están entre las líneas “il faut les pousser”. El timbre no es un timbre tradicional, sino unos acordes de piano con efecto de eco en una melodía disonante, bastante triste.

Cada día en el patio hay rondas de peleas, todos los alumnos arengan; a veces son peleas de índole religioso o racial, la mayoría del tiempo alguien se mete con la madre o la hermana de otro. 
A veces se arma lo que los “asistentes” llaman “la foule”, los alumnos hacen un torbellino de gritos y golpes generalizados, y todos los integrantes del colegio incluidos autoridades y profesores se colocan en una red dispersa en el patio para desarticular. “La foule” se armó dos veces cuando yo estaba, llovía.

“La foule” también sucede dentro de los cursos, me tocó una vez, durante una de “mis rondas”, que un grupo entero se reveló, por lo que la profesora me envió con todos los alumnos a la sala de la “CPE”, a que fueran castigados. Hablamos con los alumnos, ya en retención (“permanénce”), ellos acusaban que  “la profesora no sabía controlar a los alumnos”, que “les daba demasiada libertad”.

Trabajé dos semanas en Epinay sur seine, la CPE me llamó para hablar con el director: “No te preocupes, no es nada”.
Fue en la misma sala que la primera entrevista, un día antes de las vacaciones de “todos los santos”. Estaba en el contrato: un mes de prueba.  
La charla duró media hora, al principio jugamos un poco, nos miramos y nadie entendía, el director hablaba sobre mí, sobre ellos (los alumnos), sobre Francia. Transcribo esa media hora:
El director me contó que Francia es “un país difícil para conseguir trabajo” y que “por eso contrato extranjeros, porque ellos necesitan trabajar”.  Ahondó sobre el asunto: “Uruguay es un país poco conocido en Francia, no sabíamos qué esperar…”.
Yo seguía en silencio, pero era un trabajo, así de miserable tenía la cabeza.

Entonces adoptó otra estrategia:
 “Hay que tener una actitud más competitiva, usted se viste normal, hay que diferenciarse, mostrar energía. “Se promener dans la cour ce n’est pas surveiller, il faut anticiper le probleme” (Pasear por el patio no es vigilar, hay que anticipar el problema).

Luego me dijo que mi perfil era excelente, no para la tarea que me habían encomendado, como era evidente, sino para ser profesor, para ser asistente pero de un liceo, o de otro barrio, o de otro colegio. En síntesis yo era un tipo excepcional en un lugar inadecuado.

Finalmente monsieur “Bu Kalifa” trató de confraternizar a través de la filosofía, citó a Thomas Hobbes: “El hombre es el lobo del hombre”. “Y ellos son lobos, y usted tiene que ser un lobo”, me dijo. La CPE asentía.

“Vous n'êtes pas suffisamment autoritaire”.

Épilogo

La segunda definición del Larousse pone como ejemplo “una voz autoritaria” en relación a aquel que expresa su autoridad a través de su cuerpo, de acciones. Originalmente quería, a través de este relato, construir un ejemplo empírico con varias citas de “Vigilar y Castigar”, mostrar como encastra, cómo los vigilantes compartíamos con los alumnos aquello que nos separaba, como éramos todos lobos, cómo debíamos ser un signo, un dispositivo, no aquél que se “pasea” por el Jardín de la Filosofía sino aquél que construye el objeto vigilado buscándolo, previniendo el crimen futuro.  Mientras en esa metamorfosis infame uno se construye como dispositivo disciplinado y disciplinario, uno que no es “normal” debe imponer la norma diferenciándose, estando más allá, cómo Monsieur Bu Kalifa, él, “que llegó lejos”, o el sub-director de ascendencia también africana relatan: “los alumnos no son parecidos a nosotros”.

Los trabajos más fáciles de encontrar en Paris son los de vigilante. Me he descubierto escribiendo una carta a los museos explicando la felicidad que me representaría ser aquel que cuida que no toquen las obras, también me he descubierto explicando a la empresa nacional de trenes el júbilo de hacer valer la ley para echar a los que no pagan.

Quisiera citar a “Samba de Orly” para decirles, amigos, que las cosas van bien, y que a pesar de todo sigo buscando el mismo puesto en otro colegio. Lo que me salva es la ficción, creo que en esa podredumbre yo soy un espía.

Tuve otra entrevista, en otro colegio, y no me tomaron.

jueves, 18 de septiembre de 2014

La vuelta

Perspectivas sobre lo que no.

No creo que haga falta introducir el plural que ahora va a ser el que tenga mayor densidad en este realato.
No hemos ido al Louvre, no hemos subido a la torre Eiffel, no hemos encontrado apartamento ni trabajo. Pero sí han pasado algunas cosas.

Retrospectiva

Tuvimos la suerte de encontrar a la mejor anfitriona de Paris, por un mes. Morgane, según hemos descubierto siguiendo las pistas de una biografía basada en los elementos de su habitación y algunos comentarios de Hana, la franco-magrebesa que quedó como su representante, es originaria de Guadalupe, es muy alta (ahorra espacio guardando cosas cerca del techo) y tiene una especie de fetiche con la "latinidad" (sombreros de playa, fotos de cuba, afiches de restoranes "latinos").
El apartamento, 4 pisos por escalera caracol sin asensor, es en el segundo arrondissement, muy barato con muebles también baratos que parecen deshacerse a cada rato y amenazar la plata que dejamos de garantía. Pero hay Wifi gratis y un espacio habitable para parámetros de la Ciudad Luz.
Más de 4 personas no entran, pero si los muebles se acomodan de la mejor manera posible, y la cama-sofá se reduce, tenemos un espacio suficiente como para caminar y no vivir a los tumbos.
Para llegar tuvimos que caminar un unas 15 cuadras, un trayecto de 5 minutos que duró cerca de una hora. No éramos los únicos, en Paris hay un desfile constante de valijas y bolsas de shopping. La vez pasada, citando un artículo de Houellebecq conté que él decía que la ciudad se había convertido en un gran museo y un gran supermercado/tienda de souvenirs. También, hace falta decir, que para acompañar a esos servicios también tiene su lado de gran aeropuerto.
El viaje fue normal, no como las 8 horas de conexión en Guarulos de la última vez. En el control de pasaporte me hicieron pasar, ya que no había mucha gente, a la cola de los europeos. El tipo, con cara de mala infancia me miró mal. Y le dije: "bonjour". Y el me dijo: "Hello". Y yo le dije, de nuevo: "bonjour", "No, hello", respondió. Yo no entendía bien la prueba, quizás estuviera probando si era verdad eso que dice en mi pasaporte, que soy profesor de Inglés. La charla continuó en esa lengua, le conté que iba a estudiar. Y ahí llegó el momento clave: el tipo me preguntó: "Why?". Fue dificil, recordé mi carta de motivación para la universidad, intenté adecuar el discurso a quién me interpelaba, fui a hablar, había pasado un rato, pero antes de que dijera nada me dejó pasar.

Bis y Hana

La vez pasada el primer día que llegué rompí la instalación electrica del liceo, esta vez rompimos una cortina, y después rompimos la pared tratando de arreglarla. Dicen que Morgane es buena onda igual. Y le gustan los latinos.

Hana vive en la calle Saint-Denis, "la calle de las putas". De día y de noche, se pueden ver putas, la mayoría da mediana edad y cuyo atributo destacado son los pechos, Las putas van de la manito y entran a los apartamentos, todo en un clima muy familiar. Hana vive en un edificio dedicado a este oficio, aunque ella no lo practique, El edificio cuenta de un pasillo en donde hay: un taller de costura mínimo en donde trabajan varios asiáticos, una peluquería que parecía bastante frecuentada, y una lavandería. Hana es muy buena onda y canta "durazno sangrando" y "muchacha ojos de papel" de memoria porque estuvo en argentina. Sueña con vivir en américa latina, vaya uno a saber por qué.  

Fin de semana en Normandía

Volví. Pasé por el Liceo y por el banco, la gente se acordaba del único uruguayo que había estado allá. Me saludaron sin demasiada efusividad, en la puerta del instituto los alumnos murmuraban (¿es martin? ¿ese es martin?) pero ningún abrazo.
Después lo de siempre en Normandía, abundantes quesos y amistad sin patetismo. Comimos moule-frites en un restorán "caro" que salió 1/3 de lo que sale en Paris comer y nos paseamos por la costa del Canal de la Mancha y el Sena. Todo estaba igual, un poco más ocre, tibio como un recuerdo que se vuelve sólido cuando uno vuelve. Nos queríamos quedar, ahí donde la gente no parece desesperada por 15 metros cuadrados y donde parece que todavía hay tiempo. Pero no.
Al irnos, me traje una caja con cosas que había dejado en mi época de asistente, una lista de nimiedades insuperable pero bastante representativa de aquel tiempo:
Un termo
Unas pantuflas
Un agua oxigenada
Un pisador de papas y un taper
Líquido para encendedor

The appartement

Buscamos apartamento, todos los días buscamos apartamento. Nos quedamos horas y horas de noche, mandando mensajes, haciéndo llamadas, inventando mensajes "simpáticos" para que nos adopten como cohabitantes. Es un curso intensivo de francés de súplicas. Dan ganas de escribir una tragi-comedia estilo L'auberge espagnol pero más sórdida, donde al final al que busca lo meten preso y termina contento de tener un techo gratis. El mínimo legal en Paris es de 9 metros cuadrados, e igual hay gente que alquila menos. En uno de esos diarios gratis del metro Gisele leyó que un tipo esta en la justicia por eso. La cosa fue así, el huesped no quiso pagar más su alquiler, el propietario fue a la justicia y terminó él mismo enjuiciado por alquilar algo infrahumano. Lo bueno es que estamos haciéndo un montón de turismo por las zonas menos turísticas, donde todo sale más barato.

Resumen

No creo que una conclusividad sea necesaria, todavía está todo en verse. A la universidad estamos inscriptos y todavía tenemos dnde vivir.
Habrá que ver en unas semanas.