Hola.
Hay un largo blanco entre la última entrada y ésta, no estuve de viaje, no estuve ocupado. Es exactmente eso, llegó el terrible e inesperado momento en que Francia se volvió un poco trivial, y en donde las voces de los amigos lejanos murmuran chistes e insultos al oído, insultos fraternales tan queridos, capaz quiero volver.
También se me retrazaron los trámites, no se si por voluntad o ausencia de ella, el Miércoles haré un esfuerzo por ir a la prefectura y convencernos todos de que quiero quedarme, de que quiero jugar a que estudio como hacen tantos Erasmus que piden becas y se pasean por los bares, "estudiando" Europa.
Sarah es mi mejor amiga, quién diría, tenemos los Shopping Wednesdays en donde vamos al centro comercial , lo único que hay en el pueblo, y Sarah compra y yo miro.
Equiparo con idas al campo y mentiras sobre los gauchos, como los escritores del siglo XIX, juego a idealizar lo más exótico del Uruguay (que es poco) para tener tema de conversación: miento, invento, exagero, cómo todo viajante.
A veces voy a clases de Literatura con una profesora francesa que bordea los 60, estuvo en el Mayo Francés, me mostró fotos, luchó por la pildora, viajo con la guita de sus abuelos de la sociedad rural, aprendió a ser francésa cómo uno imaginaría, sin el gangnam style ni los Made in China.
"Aca todo lo yankee llega 4 años tarde, llega". Así está lo que he visto de Francia, más globalizado aún que el cono sur, primero pasa por Inglaterra y después llega a Francia, la mayoría de mis alumnos se quieren ir a vivir a EEUU.
Estuve en la Torre Eiffel. Su construcción es algo muy interesante, pero es preferible que repetir decir que está en wikipedia y en todos lados. Dice que sirvió de estación de trasmisión de radio y meteorologica, yo la sigo encontrando como un cadaver vacuo. Los turistas pululan con sus camaras, unos tipos me pidieron la guitarra para sacarse fotos con la torre. Era el doble vacío, el pedazo de metal que no dice nada más que si mismo y un tipo que no tenía ni idea de como tocar la guitarra sacándose fotos, solapando la madera y el alambre con el hierro espacioso. Mucho aire entre cada objeto. Así viene la gente a Francia, así viaja la gente, narcisista, alimentando la reacción del que lo ve. Y el mundo de a poco se adapta y crea precios para satisfacer esos narcisismos, para que todos tengan los souvenires adecuados para mostrar. Y cómo dice Dolina que aca lo podía escuchar a las 4 de la mañana, nada, y nada
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